jueves, septiembre 07, 2017

Dos años sin papá


Papá en mis pensamientos. Dos años de mi último beso. Noventa y tres del de su nacimiento. Del abrazo de esa madre que se fue dejándolo huérfano cuando era todavía crío.

domingo, abril 10, 2016

Un 'quete'


Un quete, un quete,…
Saltaba de alegría, y no paraba de repetirlo. Jesusín, había recibido un paquete de su madre. Estaba en la casa de los abuelos. La abuela Carmen, matriarca familiar, se lo había llevado para aliviar a su hija Pilar. Había nacido la benjamina, con meses de diferencia, y él todavía no acababa de soltarse en el caminar.
Te lo traeré cuando sepa andar. –le había dicho ella.
Su hija no cuestionaba ninguna de sus decisiones. Ni siquiera se permitía hacerlo con dudas en el pensamiento. Meses antes, cuando se gestaba la niña, habían pensado en salir en busca de fortuna, a París o Barcelona. Cuando supieron que estaba embarazada, (en ‘cinta’, como se decía) pensaron en que se quedara ella con los padres, pero Teodoro no quiso ir solo. No estaba dispuesto a separarse de su familia. Lucharía para salir adelante.
Vine al mundo. Nací. Papá lo celebró.

Si es niña, se llamará Ana, como mi madre. –dicen que siempre apuntaba, cuando mamá estaba de ‘buena esperanza’, otro eufemismo para hablar de preñez, que entonces se ocultaba o disimulaba, hasta lo inverosímil.
Pilar tuvo cuatro hijos. Soy la cuarta. Los primeros varones, dos de ellos malogrados en su más tierna infancia. Uno por el ombligo mal atado, debido a discusiones y desacuerdos entre médico y ‘partera’, comadrona que atendía el parto antes de que llegara el ‘galeno’, en la casa familiar, del pueblo en que pasaron el primer año mes padres.
El abuelo, enviudó poco después de terminada la guerra civil. Su mujer, la madre de papá, no superó una infección que hoy en día no hubiera sido causa de mortandad. Papá siempre decía que la mató la necesidad. No había dinero para pagar una penicilina que sólo estaba al alcance de algunos bolsillos.
Siempre he pensado que muchas de mis complicaciones de salud están relacionadas con la herencia genética de mi abuela paterna. Lo he ido valorando así recogiendo pistas difusas de remembranzas comentadas por los míos. Me temo que llevo un sello labrado desde los orígenes.
En la vejez, mamá hablaba de sus primeros tiempos de casada. De la temporada vivida en la casa de Fañanás.
Papá fue un hombre decidido. No tardó en instalarse en Huesca, ciudad a la que entregó su cariño más sincero. Para él era la libertad. El lugar en que podía medrar.

Decidir hacer frente a las dificultades, cuando estuvieron a punto de dar el paso trascendental de emigrar, fue un gran acierto, bajo su punto de vista.
En mi primera juventud, siempre pensaba sobre esa posible vida en Francia. Deseaba haber nacido allí. No me gustaba la vida controlada de una ciudad cerrada. De ella salí. El deceso de mis progenitores ha cerrado ese ciclo. Voy sintiendo que las ataduras se van deshaciendo. Ya no hay nada que me obligue. Nada que condicione. Siento un cariño distante al origen. Rememoro y revivo ese origen, que hoy es base de mis vivencias. Vivo en la ciudad que elegí. Una de las opciones de aquel plan de supervivencia de mis padres. Barcelona. En ella tengo mi hogar.

miércoles, marzo 09, 2016

Un 8 de marzo del 2016 (diario)



A mí me esperaban. La parejita. ¡Qué bien! ¿Por qué?
Mi llegada cubría expectativas.
Un chico y una chica.
El cuatro mi número de la suerte. No sé qué me llevó a adoptarlo, aunque nada es casual, ya que mi llegada a la vida ocupa ese orden.
Los dos primeros, varones. Ausentes en mi infancia. Presentes en los últimos días de mi madre. Ella los recordaba. Hablaba de ellos. Perdidos poco tiempo después de su nacimiento.
Cuánto dolor. Contenido. Reprimido. Dormido.
¿Cómo sufrieron esas pérdidas?
A mis cinco años perdimos a mi abuelo. Mamá pudo explicitar su dolor. Su duelo silenció su voz. De negro. Delgada. Triste. ¿Deprimida?
Siempre consideré que era grande su fortaleza. Que ella, no siendo autoritaria, tenía autoridad. Que era mujer de carácter. Severa y amorosa.
En un día que focaliza la mirada a la mujer, ella viene a presentarse ante mí.
Mi madre.

(Papá se fue hace medio año. Cuando cumplía noventa y uno. Empiezo a reconstruir)

domingo, junio 16, 2013

Papá



Mi papá.
Lee el periódico diariamente. Sigue los informativos del tiempo, en las sesiones del mediodía y de la noche. Le encantan los animales. Ve los documentales con atención.
Dibuja y pinta con rotuladores.
Cada día nos damos la buenas noches por teléfono.
Paso con él las vacaciones, en su casa. No quiere salir de ella.
Sale a pasear si hace bueno.
Va a un centro social para la tercera edad, a encontrarse con conocidos y a leer los diarios.
Le gusta jugar al guiñote y al dominó.
Escribe recuerdos, jotas y poemas.
Perdimos a mamá y creímos que se derrumbaría, pero sigue sus pautas y rutinas. Cada noche le da un beso a la fotografía de su boda, en los labios. Dice que ella le pregunta cómo está. La siente junto a él.
Se ha vuelto mimoso y cariñoso. Fue un padre recto y responsable. 

Es de Fañanás. En la web de Serrate tiene una selección de sus publicaciones en el diario, en cartas al director.

domingo, agosto 19, 2012

En Huesca con papá

Pasé unos días en Huesca. Con papá.
Las fiestas rompieron la monotonía.
En el diario local se publicó uno de sus textos.
http://www.diariodelaltoaragon.es/Fotos/20120806115700177.pdf
Él más que contento. Pletórico.

viernes, febrero 24, 2012

Me explicaste que cada noche, antes de dormirte, rezabas a nuestros muertos.
Primero al abuelo, después a tu suegra y a tu suegro, dando paso a la abuela y siguiendo con los que se fueron últimamente, Manolo y Emilia.
Estos días pensé que incorporarías a tus rezos a mamá.
Ahora quien hará ese recorrido nocturno.
Acababas diciendo que al final rezabas a todos los muertos del cementerio.
Recuerdo que en mis primeros retornos a Huesca pasaba por Tardienta.
Tío me recogía en la estación, a la una de la madrugada, hora en que llegaba el electrotrén, y me acompañaba a la casa.
Tú me esperabas con leche caliente y algún dulce.
Hablabas conmigo de tus recuerdos.
Me obsequiabas con tu voz cantarina y tu alegría.
Nuestra proximidad era grande.
Eres la hermana de mamá. La pequeña.
Hoy te han dado sepultura.
Descansa en Paz.

Mis oraciones no tienen voz. No palabras. Son meditaciones que se alzan a vuestro cielo.
Con ellas os rezo.
Mi voz interna recorre la memoria de nuestro tiempo.

Te gustaba bailar.
Ibas con él volando sobre la pista de baile, recorriendo su perímetro.
Vuestros cuerpos orondos eran ligeros y ágiles.
En ese ritmo acompasado se veía que erais uno.
Él se ha quedado solo, como papá.

Espero que sepa encontrarle sentido a la vida que le queda, y que su final no le depare el calvario que rompe la consciencia.

Os encontrareis en el lugar de no lugar.
Nosotros recordaremos vuestras acciones y gestos.
Miraremos ese pasado compartido en que entregasteis lo mejor de vosotras.

De casa Biesa van quedando pocos. José María y Manolita.

Descendientes, de uno y otro lado, seguirán la brecha de la vida que queda.